NEWTOWN, Connecticut, 17 de diciembre.- Varias agencias de noticias han publicado algunos detalles del drama de la escuela primaria Sandy Hook, donde Adam Lanza consumó una de las masacres más conmovedoras en Estados Unidos.
Aún se desconoce la razón que llevó a Adam Lanza, de 20 años de edad, a matar a su madre Nancy, y por qué llevó sus armas hasta la escuela y asesinó a casi una treintena más.
Sin embargo, enmedio de la tragedia, surgieron héroes que evitaron más dolor.
I. Kaitling Roig. La profesora con temple de acero
"Les dije que había chicos malos afuera y que esperáramos a los buenos".
Kaitlin Roig ocultó a un grupo de niños en uno de los baños del colegio luego de escuchar los primeros disparos. "Les dije que los quería mucho, pensé que sería lo último que escucharían", contó la profesora.
"Pensé que todos íbamos a morir", dijo la heroína y joven profesora que logró ocultar a sus 15 pequeños alumnos, salvándolos de una muerte segura.
Estaban aterrorizados, por lo que la maestra comenzó un juego para distraerlos, pese al temor de saber que tanto ella como los niños, de entre 6 y 7 años, podrían ser las próximas víctimas.
Con voz quebrada por el llanto y el dolor, Roig relató los angustiantes momentos vividos.
Cuando sonaron los disparos, reunió a los niños -su clase tenía una gran ventana peligrosamente expuesta- y los ocultó en el pequeño baño.
Empujó una biblioteca a través de la puerta, y le puso llave desde el interior.
"Silencio", le dijo a los niños. "Les dije que estuvieran callados. Absolutamente callados", recordó Roig.
En ese silencio de pesadilla, Roig y los niños escucharon las estampidas en los corredores, a poca distancia de su escondite improvisado.
"Les dije que había chicos malos afuera y que debíamos esperar por los chicos buenos", dijo Roig. Pero algunos niños comenzaron a llorar y otros a preguntar por sus padres o a decir que querían volver a casa. Uno pidió al resto que no se preocuparan porque sabía karate y que les ayudaría a salir sanos y salvos, contó la maestra.
Roig trató de apaciguarlos y les dijo "todo va a salir bien. Muéstrenme su sonrisa".
"En mi interior me decía... somos los próximos", recordó con pavor Roig.
Entonces, los disparos cesaron, la policía golpeó la puerta y les dijo que salieran
II. Perdió la vida salvando la de ellos
Victoria Soto fue una de las maestras heroínas que hicieron todo lo posible por salvar la vida de los niños en la masacre de la escuela primaria Sandy Hook, en Newtown, Connecticut. Salvó la vida de 16 niños, pero perdió la suya.
El padre de Victoria es puertorriqueño, dijo Eliezer Soto, tío de la maestra. Su madre es estadunidense.
La maestra, quien tenía 27 años, le salvó la vida a 16 niños de primer grado, escondiéndolos en un armario, protegiéndolos así de las balas que salían de las armas de Adam Lanza.
"Al hacer eso, ella se interpuso entre los niños y el atacante", dijo su primo Jim Wiltsie. "Perdió la vida haciendo lo que más amaba", agregó.
"Tienes a una maestra a quien le importaba más cuidar a sus niños que a ella misma", dijo el alcalde John Harkins, de Stratford, de donde era Soto. Eso habla de su carácter, su compromiso y dedicación, añadió.
La maestra llevaba cinco años trabajando en esa escuela, y era muy popular entre los estudiantes.
III. Anne Marie Murphy los protegió con su propio cuerpo
Anne Marie Murphy, profesora de educación especial de 52 años, es otra de las heroínas de la masacre, que falleció por los disparos de Lanza. Mientras el pistolero abría fuego en la escuela, Anne Marie murió protegiendo con su cuerpo a sus estudiantes, según indicaron las autoridades a su padre, Hugh McGowan. Así hallaron los policías su cadáver y el de sus alumnos de 6 y 7 años.
"Era mi esposa. Fue una tragedia horrible", comentó su marido, Mike Murphy. "Intentó proteger a sus niños", añadió. Anne Marie, quien nació en Katonah, Nueva York, era la sexta de siete hermanos y tenía cuatro hijos. Sus padres la describieron como una mujer "artística y pintora por diversión. Era ingeniosa y trabajadora", añadieron.
IV. El héroe del altavoz
Theodore Varga y otros maestros del cuarto grado realizaban una reunión: aún quedaba el brillo del concierto ofrecido por los alumnos del salón en la víspera.
"Un día agradable", comentó Varga. "Todos estábamos contentos. Ya terminábamos la semana con un buen ánimo", agregó. Y entonces, intempestivamente y como una pesadilla, comenzaron los disparos. "No recuerdo cuántos fueron", destacó.
Alguien, un héroe anónimo, encendió los altoparlantes y todos comenzaron a oír lo que sucedía en la oficina."Uno podía escuchar el terror que estaba ocurriendo", dijo Varga. "Quienquiera que haya sido salvó a mucha gente. Todos en la escuelas escuchaban el drama que se estaba produciendo".





