Si crees que el cepillo de dientes, la ropa limpia o tu cama están libres de bacterias, esto te interesa. ¡A limpiar!
El cepillo de dientes: Si tiras de la cadena sin bajar la tapa las partículas de agua pueden viajar hasta casi dos metros de distancia, y llegar a tu lavabo o al cepillo de dientes. Baja la tapa antes de tirar de la cadena y desinfecta los grifos, el exterior del baño y los pomos de las puertas a menudo.
El fregadero: Un fregadero suele contener 100,000 veces más gérmenes que un baño. Los estropajos son un criadero de bichitos y entre sus habitantes podemos encontrar bacterias como la e. coli y la salmonella (y ambas pueden causar casos severos de problemas estomacales como gastroenteritis o, como su nombre indica, salmonella).
El teclado de la computadora: Nos obsesionamos a veces con limpiar la casa pero nunca pensamos en la computadora. Los teclados acumulan años de migas, estornudos y polvo. Y pueden contener bacterias que provocan intoxicaciones alimentarias. Para limpiarlo, dalo la vuelta y sacúdelo. Después, limpia la superficie con un producto antibacteriano. Y no olvides el mouse.
Tu teléfono: Los móviles son pequeños y útiles, y además, suelen contener 18 veces más bacterias que el inodoro. Entre estas bacterias, encontramos las causantes de infecciones cutáneas y de la meningitis. Antes de que tu bebé se lleve el móvil a la boca (que les encanta), quítaselo, apágalo y límpialo con una solución antibacteriana. Esto va también para cualquier otro teléfono: casa, oficina... No sólo los móviles son malos. 
La ropa limpia: Muchos virus y bacterias resisten a la lavadora (entre otros, la hepatitis A y la e. coli). Lava la ropa a máxima temperatura, utiliza lejía si es posible y, si tienes secadora, mete la ropa ahí. Si no, una buena sesión de plancha hará el mismo efecto. Recuerda que, para bebés, es bueno comprar jabones especiales que no afecten a su piel.
El control de la tele: Quizás sea el "cacharro" que más utilizas y menos limpias en tu casa. Y si vas a un hotel, no quieras ni imaginarte lo que puede contener. Límpialo de vez en cuando con toallitas anti-bacterias.
Adivina... ¡tu cama!: Sí, está llena de bacterias, ácaros y virus. Cambia las sábanas semanalmente y lávalas a alta temperatura. Limpia los cojines en la tintorería y cambia el colchón cada varios años. Si tus hijos usan cuna, lo mismo: compra un colchón nuevo para cada hijo, cambia las sábanas a menudo y no permitas que coman en la cuna para evitar que el colchón se manche de leche, por ejemplo.
Tu mascota: Nada como rascarle la barriga al perro o detrás de las orejas al gato. Además, si tienes hijos, se pasarán horas persiguiéndose el uno al otro. Por desgracia, tu mascota puede transmitirte bacterias que te pueden provocar intoxicaciones alimentarias. Recuerda a tus hijos (y a ti) que se laven las manos después de jugar con ellos. Y si su mascota es de peluche, no está de más que metas al osito en la lavadora de vez en cuando.






- Mantén la ducha abierta sólo el tiempo indispensable.
- Usa habitualmente papel reciclado para el baño, cocina y para escribir.
- Usa el agua caliente sólo de ser necesario o sólo la necesaria. (Conecta el calentador sólo dos horas al día, gradúalo entre 50 y 60 grados). Procura bañarte con agua fría: es más saludable.
- Separa las basuras por lo menos en vidrio, plástico y papel. Infórmate sobre como separar la basura reciclable. Consulta a tu administración local o en internet sobre los procesos de reciclar la basura. Mas de la mitad de la basura que usamos se puede reciclar.
- Modera el uso del vehículo particular, haz un uso eficiente del automóvil.
- Disminuye el consumo de carnes rojas. La cría de vacas contribuye al calentamiento global, a la tala de árboles y la disminución de los ríos. (Producir un kilo de carne gasta más agua que 365 duchas).
- Infórmate acerca de la crisis climática. Visita paginas que te den información sobre cómo ayudar al planeta.